La psicología, como ciencia dedicada al estudio de la actividad psíquica humana, enfrenta permanentemente el desafío de comprender fenómenos complejos. La motivación, las emociones, la personalidad, el aprendizaje y las relaciones humanas son solo algunas de las numerosas dimensiones que intentamos estudiar mediante teorías, modelos, instrumentos y procedimientos científicos.
A lo largo de nuestra formación como psicólogos aprendemos a identificar problemas de investigación, a hacernos preguntas que nacen de nuestra curiosidad por comprender la dinámica del ser humano, definir constructos, operacionalizar variables, formular hipótesis y utilizar herramientas metodológicas y estadísticas para analizar la realidad. Estas competencias constituyen una parte fundamental de nuestro quehacer científico. Sin embargo, junto a ellas surge una pregunta que merece especial atención: ¿En qué momento nos detenemos a pensar y formular la explicación de lo que queremos investigar? Es decir, ¿qué lugar ocupa la construcción de explicaciones teóricas en nuestra manera de investigar?
La pregunta no pretende establecer una jerarquía entre la investigación empírica y el desarrollo teórico. Por el contrario, invita a reconocer que ambas actividades se necesitan mutuamente. La evidencia permite examinar nuestras explicaciones, mientras que las teorías contribuyen a orientar qué observamos, cómo interpretamos los resultados y qué nuevas preguntas consideramos relevantes.
Quizás una de las oportunidades más interesantes para el desarrollo de nuestra disciplina consista, precisamente, en fortalecer ese diálogo entre observar, medir, explicar y volver a investigar.
De identificar constructos a explicar fenómenos
Los constructos psicológicos son herramientas conceptuales indispensables para estudiar realidades que, en muchos casos, no podemos observar directamente. Conceptos como inteligencia, autoeficacia, satisfacción laboral o regulación emocional nos permiten organizar fenómenos complejos y formular preguntas susceptibles de investigación.
No obstante, identificar constructos y establecer relaciones entre ellos no equivale necesariamente a explicar los procesos que representan.
Sutton y Staw (1995), en su conocido artículo What Theory Is Not, plantean una distinción importante: las referencias bibliográficas, los datos, las variables, los diagramas y las hipótesis, aun siendo componentes valiosos del trabajo científico, no constituyen por sí mismos una teoría. El aporte teórico requiere desarrollar argumentos que permitan comprender por qué esperamos determinadas relaciones y qué procesos podrían producirlas.
Pensemos, por ejemplo, en una investigación que encuentra una asociación entre liderazgo, bienestar psicológico y desempeño laboral (utilizo estos constructos porque son mi área de estudio, pero sería el mismo análisis si reemplazáramos con los de otros ambitos de la psicología). Este hallazgo puede ser relevante y abrir nuevas oportunidades de estudio. Sin embargo, también podemos preguntarnos: ¿por qué determinadas prácticas de liderazgo podrían favorecer el bienestar? ¿Qué mecanismos psicológicos y sociales intervienen? ¿En qué condiciones podrían modificarse esas relaciones? ¿En qué tiempo y espacio se dan exactamente esas relaciones?
Estas preguntas no sustituyen la investigación empírica: la enriquecen. Nos invitan a pasar de describir relaciones a construir explicaciones que puedan ser examinadas, cuestionadas y perfeccionadas.
Al mismo tiempo, una buena teoría puede orientar qué dimensiones necesitamos medir y cómo interpretar las puntuaciones obtenidas. Así, lejos de competir, la psicometría y la construcción teórica pueden fortalecerse recíprocamente.
Teorizar: un proceso que no exige comenzar con explicaciones perfectas
Una de las contribuciones más interesantes de Karl Weick (1995) consiste en destacar la importancia de la teorización como proceso, más allá de considerar únicamente la teoría como producto terminado. Esta perspectiva permite reconocer algo fundamental: las teorías no necesariamente aparecen como sistemas explicativos completos desde su primera formulación. En su desarrollo pueden intervenir intuiciones iniciales, propuestas conceptuales, explicaciones parciales, modelos provisionales y sucesivas revisiones.
En un trabajo anterior, Weick (1989) caracterizó la construcción de teorías como un ejercicio de imaginación disciplinada. Esta expresión resulta especialmente sugerente para la psicología, porque reúne dos capacidades esenciales para la producción científica: la creatividad para imaginar explicaciones y el rigor necesario para examinarlas críticamente.
Desde esta perspectiva, quizás no debamos preguntarnos únicamente si hemos construido una teoría suficientemente desarrollada, sino también si nuestras investigaciones están contribuyendo a construir mejores explicaciones que las disponibles anteriormente. Una propuesta teórica inicial puede ser limitada, incompleta o susceptible de revisión. Esto no le resta necesariamente valor. Lo importante es que permita avanzar en nuestra comprensión, generar preguntas relevantes y abrir posibilidades para nuevas investigaciones.
¿Qué elementos pueden fortalecer nuestras explicaciones?
Reconocer que teorizar es un proceso no significa que todas las explicaciones posean la misma calidad o que debamos renunciar a criterios científicos.
Whetten (1989) ofrece una orientación especialmente útil al distinguir los componentes que intervienen en una contribución teórica: qué factores consideramos relevantes, cómo se relacionan, por qué esperamos tales relaciones y bajo qué circunstancias deberían producirse.
Estas preguntas, aparentemente sencillas, pueden transformar nuestra manera de abordar un problema de investigación.
Por su parte, Bacharach (1989) propone criterios relacionados con la posibilidad de contrastar las afirmaciones teóricas y con su utilidad para explicar y predecir fenómenos.
En ocasiones, una aportación significativa puede consistir en esclarecer un mecanismo poco comprendido, precisar las condiciones en las que ocurre un fenómeno o identificar por qué una explicación existente resulta insuficiente en determinados contextos.
Cultivar la capacidad de teorizar: una oportunidad para la formación científica
Las universidades y los centros de investigación desempeñan un papel esencial en la construcción del conocimiento psicológico. Son espacios donde aprendemos a cuestionar nuestras ideas, contrastarlas con evidencia y dialogar con las contribuciones de quienes nos precedieron.
En ese proceso, la formación metodológica y estadística es indispensable. Pero también podemos preguntarnos cómo continuar fortaleciendo las capacidades de razonamiento, pensamiento crítico, creatividad y argumentación teórica de los futuros investigadores.
Borsboom y colaboradores (2021), por ejemplo, presentan una metodología orientada explícitamente a la construcción de teorías explicativas en psicología y plantean posibilidades para incorporar este proceso a la formación universitaria (por añadir una de las referencias que intentan introducir esta competencia en el currículo académico).
Esta propuesta abre una reflexión estimulante: además de enseñar a nuestros estudiantes a utilizar teorías existentes, podemos ofrecerles oportunidades para aprender a construir, revisar y mejorar sus propias explicaciones científicas.
Esto no implica que cada trabajo de investigación deba producir una teoría novedosa. Las investigaciones descriptivas, exploratorias, psicométricas, de replicación y de contrastación teórica representan aportaciones legítimas y necesarias para el progreso científico.
Más bien, se trata de ampliar nuestro horizonte como investigadores: reconocer que también podemos participar activamente en el desarrollo conceptual de nuestra disciplina. Quizás uno de los ejercicios más enriquecedores que podemos promover sea preguntarnos, al finalizar una investigación, no solo qué resultados hemos encontrado, sino también qué hemos aprendido sobre los procesos que podrían explicarlos, qué aspectos siguen sin comprenderse y qué nuevas ideas merecen ser investigadas.
Una invitación a seguir construyendo conocimiento
La psicología dispone de una enorme riqueza conceptual, metodológica y empírica. Cada investigación rigurosa, cada instrumento desarrollado y cada resultado contrastado puede contribuir a ampliar nuestra comprensión del comportamiento y de la actividad psíquica humana.
Pero nuestra contribución como científicos también puede expresarse en la capacidad de formular nuevas explicaciones, integrar conocimientos previamente dispersos y desarrollar ideas que otros investigadores puedan examinar y perfeccionar.
No necesitamos esperar a tener teorías perfectas para comenzar a teorizar. Necesitamos preguntas relevantes, curiosidad científica, fundamentos conceptuales, imaginación y disposición para revisar críticamente nuestras propuestas.
Tal vez el desafío no sea producir teorías más complejas, sino cultivar una práctica investigativa en la que explicar sea tan importante como describir, medir y contrastar.
Contribuir al conocimiento científico no consiste únicamente en descubrir nuevas relaciones entre fenómenos, sino también en construir mejores explicaciones sobre por qué ocurren y cómo podemos comprenderlos.
Referencias
Bacharach, S. B. (1989). Organizational theories: Some criteria for evaluation. Academy of Management Review, 14(4), 496–515. https://doi.org/10.5465/AMR.1989.4308374
Borsboom, D., van der Maas, H. L. J., Dalege, J., Kievit, R. A., & Haig, B. D. (2021). Theory construction methodology: A practical framework for building theories in psychology. Perspectives on Psychological Science, 16(4), 756–766. https://doi.org/10.1177/1745691620969647
Klein, K. J., Tosi, H., & Cannella, A. A., Jr. (1999). Multilevel theory building: Benefits, barriers, and new developments. Academy of Management Review, 24(2), 248–253. https://doi.org/10.5465/AMR.1999.1893934
Sutton, R. I., & Staw, B. M. (1995). What theory is not. Administrative Science Quarterly, 40(3), 371–384. https://doi.org/10.2307/2393788
Weick, K. E. (1989). Theory construction as disciplined imagination. Academy of Management Review, 14(4), 516–531. https://doi.org/10.5465/AMR.1989.4308376
Weick, K. E. (1995). What theory is not, theorizing is. Administrative Science Quarterly, 40(3), 385–390. https://doi.org/10.2307/2393789
Whetten, D. A. (1989). What constitutes a theoretical contribution? Academy of Management Review, 14(4), 490–495. https://doi.org/10.5465/AMR.1989.4308371