Cuando estudié psicología a nivel de grado, uno de los términos que me resultó más difícil de comprender fue el de constructo. Quizás esto se deba a que, en aquellos tiempos, dicho término no era tan común como lo es en la actualidad. En su lugar, el concepto más familiar era el de variable, el cual nos acompañaba desde la educación secundaria, particularmente en las matemáticas y otras asignaturas afines.
El término variable fue utilizado formalmente por primera vez en el ámbito matemático en el siglo XVII, por René Descartes, en su obra La Géométrie (1637). Descartes representaba las variables mediante letras como x, y y z, las cuales simbolizaban cantidades desconocidas que podían cambiar según el problema planteado. De allí surge el concepto de variable matemática: un elemento simbólico cuyo valor puede variar dentro de un sistema formal.
Los modelos de ecuaciones son, por naturaleza, simbólicos. Sus componentes pueden asociarse a distintas características y adquirir valor según el contexto, siempre bajo la condición fundamental de que pueden variar. Este principio se convirtió en una base conceptual que posteriormente trascendió las matemáticas.
Con el desarrollo de múltiples disciplinas científicas, la investigación adoptó el método científico como principal vía de generación de conocimiento. Este método, caracterizado por su alto nivel de estructuración y sistematicidad, se fundamenta en la formulación de modelos teóricos, la observación empírica rigurosa y la verificación de relaciones entre fenómenos.
En el ámbito de la investigación del comportamiento, el método científico permite estudiar fenómenos naturales y sociales bajo criterios de objetividad. La medición del comportamiento revela dos polos fundamentales: la diversidad y la homogeneidad. Esta dualidad permite analizar la variabilidad tanto dentro del sujeto como entre sujetos, así como identificar patrones de consistencia. En esencia, estas propiedades reflejan una premisa central de la psicología: las diferencias individuales.
Desde esta perspectiva, la conducta humana puede ser entendida en términos similares a los modelos algebraicos propuestos por Descartes. Las variables (x, y, z) representan fenómenos cuyo valor es inicialmente desconocido —es decir, incógnitas— y que solo adquieren significado cuando son medidos.
A continuación, se presenta un ejemplo sencillo:
TABLA 1. Ejemplo de medición antes y después en dos factores cognitivos.
|
|
Aptitud Verbal |
Aptitud Numérica |
||
|
Sujeto |
Antes |
Después |
Antes |
Después |
|
Juan 1 |
X |
110 |
X |
106 |
|
Juan 2 |
X |
98 |
X |
118 |
|
María 1 |
X |
105 |
X |
118 |
|
María 2 |
X |
107 |
X |
120 |
En la tabla se observa que, antes de la medición, los valores eran desconocidos (X). Una vez aplicada la prueba, estas incógnitas se transforman en puntuaciones específicas. Lo relevante aquí es que cada medición produce valores distintos, evidenciando variabilidad. Este fenómeno es característico de los procesos psicológicos evaluados mediante pruebas psicométricas.
En este contexto, aquellos fenómenos que pueden asumir distintos valores reciben el nombre de variables. Así, el concepto matemático de variable se generaliza y se adapta al estudio del comportamiento humano. Sin embargo, es necesario introducir otro concepto fundamental: el de constructo.
Un constructo es un concepto creado o adaptado con el propósito de explicar fenómenos dentro de un marco científico. A su vez, un concepto puede definirse como una abstracción que permite organizar y generalizar la realidad, como ocurre con nociones tales como la inteligencia, la memoria, el amor o la personalidad.
Podemos clasificar los conceptos —de manera operativa— en abstractos y concretos. Los conceptos abstractos no tienen una existencia física observable (por ejemplo: inteligencia, valores, personalidad), mientras que los concretos sí son perceptibles mediante los sentidos (por ejemplo: presión sanguínea, objetos físicos, fenómenos naturales).
En las ciencias del comportamiento, los constructos son esenciales porque permiten formular teorías sobre fenómenos que no son directamente observables. La mayoría de los procesos psicológicos pertenecen a esta categoría: no se perciben directamente, pero se manifiestan a través de indicadores observables. Aquí surge una pregunta clave:
¿Cómo verificar científicamente algo que no es directamente observable?
La respuesta se encuentra en la definición operacional. Esta consiste en asignar significado a un constructo mediante la especificación de las operaciones necesarias para medirlo o manipularlo. Estas operaciones se conocen como reglas de correspondencia.
Por ejemplo:
- La inteligencia puede definirse operacionalmente como la puntuación obtenida en un test de inteligencia.
- La agresividad podría definirse como la frecuencia de expresiones verbales ofensivas en un período determinado.
De este modo, lo intangible se traduce en indicadores medibles. Esta estrategia ha sido fundamental para el desarrollo de teorías científicas en psicología, ya que permite vincular lo teórico con lo empírico.
En una teoría, los constructos no funcionan de manera aislada, sino que interactúan entre sí formando sistemas explicativos. Algunos de estos constructos pueden ser operacionalizados —es decir, vinculados directamente con datos observables— mientras que otros permanecen en un nivel más abstracto. Esta es una de las razones por las cuales las teorías deben someterse constantemente a verificación. A continuación, se presenta un modelo simplificado del funcionamiento de una teoría:
En este esquema los círculos (C1, C2 y C3) representan constructos teóricos. Las flechas bidireccionales indican la interacción entre ellos, lo que refleja que los fenómenos psicológicos no operan de forma independiente, sino en sistemas interrelacionados.
La flecha azul que sale de C1 representa su definición operacional, es decir, el proceso mediante el cual un constructo se vincula con indicadores empíricos y, por tanto, con datos observables.
Es importante señalar que no todos los constructos dentro de una teoría son operacionalizados. Esta limitación explica, en parte, por qué las teorías deben ser constantemente evaluadas y refinadas a la luz de la evidencia empírica.
Cuando un constructo es definido operacionalmente y puede medirse, adquiere la condición de variable. En otras palabras, la medición convierte al constructo en variable al evidenciar su variabilidad en función de las diferencias individuales.
De esta manera, podemos establecer una distinción funcional:
- En el plano teórico, hablamos de constructos.
- En el plano empírico y de medición, hablamos de variables.
No obstante, en la práctica investigativa es común que ambos términos se utilicen de manera indistinta. En mi opinión, mientras no existan inconsistencias metodológicas, esta flexibilidad terminológica no representa un problema sustancial. En última instancia, constructos y variables constituyen dos formas de referirse a un mismo fenómeno científico desde perspectivas complementarias: una teórica y otra empírica.
______________________________________________________________________
Si tiene alguna observación sobre este artículo, se puede comunicar conmigo a través del formulario en la pestaña de “Contáctenos” o escribir un correo directamente a la dirección: info@psicgvalmo.com y responderé gustosamente a sus observaciones
Asimismo, si desea que se aborde algún tema específico en psicometría, investigación del comportamiento o estadística, puede hacerlo saber por este mismo medio.